Somos una Sociedad de Vida Apostólica dedicada a la Nueva Evangelización. El Apóstol Juan proclama: lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos.” (1Jn 1,1) También nosotros hemos comprobado, a través de estos años de apostolado en contextos muy diferentes, que en Cristo se ofrece a cada hombre una Vida nueva y abundante (Jn 10,10). En Él se accede a una nueva situación, que transforma la relación con Dios, con uno mismo, con los demás y con el mundo. Cristo y la Vida nueva que Él ofrece es el primer y más profundo factor de cambio y transformación de la persona, y de su entorno; ésta es nuestra certeza primera y fundamental.


...lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, es lo que les anunciamos.

Es patente que la gran mayoría de los bautizados, por diversas razones, no tiene referencia existencial profunda de la vida cristiana. Por ello anunciamos el Evangelio a aquellos que – aún entre los mismos bautizados – conocen a Jesús sólo de oídas, pero que nunca lo han conocido por la fe y el poder del Espíritu Santo. 

Desarrollamos programas de evangelización que hacen accesible la experiencia descripta en el Evangelio de Juan: ‘Ven y verás’ (Jn 1,46); y mediante ellos articulamos nuestro esfuerzo misionero hacia quienes que viven alejados de la práctica religiosa.

Nuestro trabajo se enfoca especialmente en dos ambientes específicos:

  • los estudiantes secundarios y universitarios; y los profesionales, para formar una dirigencia capaz de transformar la realidad según los valores del Reino;
  • los más humildes, para que la Buena Noticia sea anunciada a los pobres, suscitando entre ellos líderes capaces de animar sus comunidades y de ser levadura en su ambiente.

Nuestra vida combina una intensa vida de oración, en la que buscamos tener “los mismos sentimientos de Cristo Jesús” (Flp 2,5) en quien somos hijos del Padre; un tiempo significativo dedicado al estudio, necesario para anunciar el Evangelio a la cultura de hoy; un modo de vida inspirado en la primera comunidad de discípulos y amigos de Cristo (Jn 15,15) que se refleja en una sencilla y alegre vida en común; y un estilo apostólico, inspirado en la vida pública de Jesús. Especialmente buscamos encarnar su estilo itinerante, su celo misionero, y su amor misericordioso.